Educar es entender que los años nos brindan saberes que otros no poseen y que debemos ser nosotros, y no los años solos quienes se los transmitan a otros. Educar debería ser saber que los otros tienen saberes que los años nos negaron y aceptarlos como regalo de esos años de experiencias que no vamos a vivir. Educar es pensar que el saber se acumula progresivamente y que nos hace más libres, es estar convencido de que se ha escogido la misión de abrir mundos a vidas ajenas. Es gratificarse del cada día, y resignarse a migajas de satisfacciones añoradas, es ver lo que nos proponemos hacer y enorgullecerse de cosas que no hemos logrado.
Educar es enfrentar a la tiranía con encono y embanderarse con sueños de mañanas mejores. Es hacerse de una paciencia infinita y buscar algo que tiene que parecer imposible. Es sentir que se es una pieza de las del medio de un puzzle de millones. Educar es ser demasiado poco en la historia de la humanidad y ser tan mucho en las biografía de seres individuales. Es enseñar que la verdad es de quien la busca, y no es de nadie; es enseñar a cuestionar hasta las cosas que uno dice, es crear laberintos de significado de los que uno mismo no conozca el camino de salida.
Educar es dudar sobre el camino, es probar, pensar, criticar, hacer, deshacer, rehacer, aprender. Es desesperarse ante lo magnánimo de la tarea, quizá llorar, gritar un poco, suspirar y reírse, encorajinarse, esperar el futuro anhelante; es, sí, ser un poco esquizoide. Es tener la cabeza fría y el corazón caliente, las sonrisas a la vanguardia y las miradas punzantes en la trinchera. Es entenderse un soldado en la lucha por la liberación del hombre de su propio yugo. Es ser, pues, todo aquello que el sueño del mundo permita hacer real en pos de lo imposible.
No hay comentarios :
Publicar un comentario